jueves, febrero 22, 2007

HE TENIDO SUERTE (I)



En el silencio cabe casi todo. Este espacio silente que parece perecer de inanición me permite abordar un tema cuyo interés desconozco. No lo abordaría en otra circunstancia, ya que en la discusión acalorada, en las tertulias competitivas y en la expresión del dolor ajeno, no sería lícito que viniera yo aquí a contar mi vida. Como eso no sucede, como el silencio planea por este cuaderno de bitácora, tal y como brillan las estrellas quedas en la noche del desierto, puedo permitirme hablar de mí.

No creo que este gesto sea mejor que el silencio, pero tampoco peor. Nací (aleluya) en san Pedro y san Pablo del año del perro de metal en el horóscopo chino (los santos y el orden astrológico forman parte de mis aficiones). Aprendí muy pronto a escuchar, y la importancia y fortuna de poder hacerlo. Fui un niño risueño que le tocó el papel de ser ejemplo para otros niños. Seguramente elegí yo ese papel pero también me fomentaron esa afición desde pequeño. Con ella, las de la introspección y el cuidado de la apariencia a un tiempo.

Nació mi hermana. Me sugirieron que la pidiera ese año para Reyes. Y la trajeron el día después. Sin manual de instrucciones. Salió también risueña, con una sonrisa de una ternura infinita, con unos ojos pequeños, vivarachos, muy rápidos, oscuros y brillantes. Con algunas pecas en la cara que, en negativo, sobre el fondo lechoso de su tez, parecían contener el plano estelar de algún lugar del universo digno de contemplarse. Tenía una risa (probablemente la siga teniendo) que hacía sonar los pífanos y tambores y hacía subir la temperatura del corazón hasta el nivel más que saludable de la felicidad. La quiero profundamente. Es adorable.

Antes de ella estaban ya mis padres, abuelos y tía Tere. Todos en una casa pequeña de la guindalera, barrio del foro con sabor, que ahora ya es otra cosa, aunque siempre algo queda. Si me detengo en ellos, me excedo. Me han dado lo mejor de sí mismos. Yo habré de hacer lo mismo con otros, y con ellos también, está claro...

¿Por qué escribo aquí? Por mis locuras... No, no os riáis, o hacedlo si queréis, pero no es una broma. Me volví loco tres veces (al menos). Os quiero contar lo afortunado que fui por ello y con ello...

Alonso Ruiz

1 comentario:

Sara dijo...

Muchas gracias por el relato. Será un placer continuar leyéndote, no dejes de escribir.
Un abrazo Alonso Ruiz

SARA